Me he dado cuenta de que, en el tiempo que llevo escribiendo, aún no he dedicado ni un sólo artículo a una de mis grandes pasiones: el cómic. Y qué mejor que hacerlo con una reseña de una serie ya terminada que me encantó.

Título: Y, el último hombre
Guionista: Brian K. Vaughan
Dibujante: Pia Guerra
Entintador/a: Jose Marzan Jr.
Editorial: Vertigo (DC)
Es curioso como conocí esta serie. Su primer número lo leí en un tomo promocional de series Vertigo que cayó en mis manos. Quiero creer que el susodicho tomo lo conseguí en un Salón del Cómic o del Manga, pero no estoy enteramente seguro. El tomo incluía varios primeros números de series que yo no conocía. Dos de esos números me engancharon de inmediato: Predicador e Y, el último hombre. De Predicador hablaré otro día (que nadie lo dude), hoy toca hablar de la plaga.
El primer número de Y empieza de manera arrolladora: vemos como hay algunos muertos en distintos lugares y como una policía se apunta a la cabeza y pronuncia lo que es un punto de partida fabuloso: “Todos los hombres están muertos”. Y de repente… flashback. Nos vamos unos minutos atrás y vemos una conversación de un aprendiz de mago-escapista, Yorick Brown, con su novia Beth, que está en Australia de viaje. La conversación te hace empatizar enseguida con los personajes, sobretodo con Yorick. El tiempo corre y llegamos al fatídico momento en que todos los hombres mueren. Al parecer una plaga a nivel global ha exterminado a todos los machos de todas las especies animales. ¿A todos? No. Yorick y su mono Ampersand siguen vivos (sí, tiene un mono que le tira su mierda).
De aquí en adelante la historia nos narrará las aventuras de Yorick y su intento de sobrevivir en un mundo en el que todo son mujeres y, al contrario de lo que muchos podáis pensar, la mayoría no le quiere ningún bien. Tendrá aliadas, como la Doctora Allison Mann y la Agente 355, y enemigas mortales, como Alter, soldado del ejercito israelí. Aparecerán grupos radicales (las Amazonas) y el mundo dejará de ser como era.
El cómic está narrado como si de una road-movie se tratara, y como buen exponente del género el protagonista tiene dos objetivos: encontrarse con su novia Beth y descubrir qué causó la plaga que exterminó a los hombres. Yo creía que lo importante sería la resolución del tema de la plaga, pero una vez llegué al punto en el que se nos explica todo ¿sabéis qué? No me importaba lo más mínimo. La plaga me daba absolutamente igual. Sólo quería que las aventuras de Yorick siguieran, y que, de una vez por todas se reencontrara con Beth. La resolución final a mi me pareció sublime, todo el epílogo de la historia es acertadísimo. Sólo me queda hablar de la soberbia última página. Es de una poesía brutal y me puso los pelos de punta. Sólo una cosa más:
Alas.